¿Son Útiles Tantas Versiones de la Biblia?

    

    Hoy todos tenemos acceso a la Biblia. En tiempos pasados, las personas comunes no podían leer la Palabra de Dios, ya sea porque no todos tenían una, no había traducciones a algunos idiomas, o porque, en general, la gente era analfabeta. Sin embargo, la accesibilidad a la lectura de la Biblia hoy es generalizada.

    En el ámbito hispano tenemos múltiples versiones. Esto nos lleva a hacer algunas preguntas: ¿Son todas buenas traducciones? Y en consecuencia, ¿son todas útiles? ¿Es necesario elegir una u otra? ¿Qué es lo mejor?


¿Cómo determinar si una traducción es buena o mala?

    Empecemos por aclarar qué sería una traducción "buena". Esto no debería ser circunstancial o subjetivo, sino algo fijo y concreto. Por eso, se puede decir que una buena versión es aquella que cumple al menos dos características: que capte el mensaje original del texto y que pueda transmitir esa misma idea al público actual.

    El equilibrio de ambas cosas es un desafío. Si se intenta traducir muy ligado a lo literal, a la traducción de palabra por palabra, sin interpretar expresiones idiomáticas u otras dificultades lingüísticas propias de la época, que son difíciles de establecer equivalentes, tendríamos una traducción oscura para los oyentes actuales. Finalmente, el propósito del mensaje bíblico es que todos puedan conocer a Dios y su mensaje a través de ella.

    Si por el contrario, se piensa solo en el público actual y se descuida el mensaje original, se tendría una traducción infiel. En todo caso, ¿de qué sirve una traducción así? El riesgo no solo es ignorar lo que Dios quiere decirnos, sino decir algo diferente al mensaje original. En este sentido, la Biblia condena este tipo de descuidos (Dt. 12:32; Pr. 30:6; Ap. 22:19).

    Una buena traducción no es aquella que mantiene la forma a costa del contenido, o aquella que parafrasea libremente en esquemas culturales ajenos a la Biblia. Una buena traducción es aquella que busca un equilibrio entre el contenido y el sentido del texto. Puede reestructurar la forma, pero mantiene intacta la idea original. Una mejor traducción sería la que se encuentra en el camino intermedio entre una traducción literalista y una dinámica.


Las diferentes traducciones.

    En este sentido, Blanco (2017) divide las traducciones de la Biblia en tres tipos. Están las traducciones literales, que buscan traducir palabra por palabra tan próximo como sea posible con el original. Esto genera que no siempre sea muy clara.

    Están las traducciones dinámicas, que buscan traducir de tal manera que el destinatario comprenda. En ese sentido, muchas veces reestructura todo para que se comprenda. Es ahí donde corre el riesgo de introducir elementos que no son propios del original.

    Por último, están las paráfrasis, que buscan decir lo mismo, pero en un lenguaje propio del lector. Se hace un esfuerzo de reescribir en un lenguaje cercano y próximo. Esto es más un comentario que una traducción. Normalmente, no son elaboradas por equipos de traducción, sino por individuos solos.

    En conclusión, en vez de ver las diferentes traducciones como un problema, podemos verlo como una oportunidad. Pues, al haber muchas versiones, ayuda a comparar entre ellas y llegar a una mejor comprensión.

    También, hay que reconocer que no usamos la Biblia siempre de la misma forma. Hay momentos en que la usamos para reflexionar, para estudiar o para compartir el mensaje con otros. Es decir, respetando como es debido la Palabra de Dios, podemos usarla aprovechando la variedad que tenemos.


Basado en Blanco, M. (2017). La difícil tarea de la traducción. En Versiones de la Biblia: Pautas para evaluar las diferentes traducciones (pp. 61-72). ACES.

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