Voz en el Desierto
Una de las principales funciones de un profeta era trasmitir el mensaje de Dios. Esta idea también se da en un predicador, aunque de forma diferente. Un profeta recibía el mensaje de Dios de forma directa, a través de sueños y visiones, mientras que un predicador, recibe el mensaje a través del estudio y la reflexión de las Escrituras.
En Ezequiel 2:1-3:15 se encuentra el llamado de Dios al profeta del libro. Dios le encarga llevar el mensaje y hace una descripción del pueblo señalándolo como duro y rebelde. Dios prepara a Ezequiel diciéndole que, aunque no lo escuchen, el necesita dar la Palabra de Dios. Posteriormente, Dios le muestra un rollo con cantos fúnebres y ayes, y le da indica comerlo, Ezequiel lo hace.
A partir del llamado quiero destacar algunos consejos para predicadores de los primeros 8 versículos (2:1-8). El primer consejo surge de la descripción que Dios hace de la realidad que tiene que vivir Ezequiel, de forma especial de su audiencia. Frases como “…nación de rebeldes que se rebelaron contra mí” (v.3) describe la realidad del pueblo. Es decir, Dios conoce mejor la audiencia que el predicador. Por lo tanto, busquemos su guía no solo para comprender su mensaje, sino para que nos de sabiduría para saber dirigirnos a la audiencia porque el los conoce mejor.
El segundo consejo, parece ser obvio, pero no lo es, la misión del profeta y del predicador es predicar la Palabra de Dios (vers. 4,7), no otra cosa. Pueden aparecer muchas opciones para comunicar otras cosas, pero nada debe tomar el lugar de la Palabra de Dios. La fidelidad del mensaje depende del predicador, es una responsabilidad hacer todo el esfuerzo posible para despojarse a sí mismo y trasmitir propiamente el mensaje divino.
El tercer consejo es tener cuidado con creer que el mensaje de Dios está a la merced de las personas (vers. 5,6). El mensaje de Dios está cargado de verdad, a muchas personas les gusta, pero no todas están dispuestas a oír. No podemos disminuir el mensaje, en cambio debe ser trasmitido tal como Dios lo ordena. Lo que no implica necesariamente ser brusco e hiriente. Decir la verdad con amor y fidelidad es lo mejor.
El cuarto consejo es que el predicador no debe depender de las normas de la iglesia para sentirse conforme, en cambio, el predicador debe sujetarse a las normas de Dios (v. 8). Esto significa seguir el ejemplo de Dios, no necesariamente significa distinguir lo bueno de lo malo sino seguir el mejor camino, lo más apropiado, lo más sabio. No se puede esperar que un predicador se conforme con las normas comunes y básicas que el pueblo conoce, debe tener una aspiración mayor.
En este llamado a Ezequiel se puede notar que llevar el evangelio a otros significa confiar en Dios, dejarse guiar y predicar la Palabra de Dios siempre. Si por hacer esto, uno se queda solo, no deberíamos preocuparnos.

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